Los muchachos se nos van

1072138_516972531707442_316090494_oEstá demostrado que con tanta actividad cultural exitosa que se ha venido desarrollando en Pereira, con la participación activa de un montón de jóvenes que buscan su propio espacio entre los festivales musicales, o de teatro alternativo en el que los actores se permiten criticar con humor incluso a las instituciones y a sus propios colegas, o la salas de exposición con sus nuevas generaciones de artistas ofreciendo otras visiones del mundo, o las paredes de la ciudad llenas de ilustraciones psicodélicas, fantásticas y contundentes, sitios reinventados por un montón de creadores, en procura de hacer arte, no queda más que sentir una especie de esperanza. La ciudad puede y debe seguir encaminándose hacia una dinámica cultural propia.

Por eso me parece inadmisible que ante tanta vibración cultural que late en Pereira, todavía en Dosquebradas se sienta el desinterés y la falta de promoción de un sentido más espiritual de la misma. Cualquier área cultural como tal debe contener alcances medibles y serios, debe proponerse objetivos de alto nivel y debe verse como provocadora de desarrollo. Por eso no es comprensible que al día de hoy no se esté pensando de manera prospectiva la cultura de una Dosquebradas que se encamina a sus 50 años. Lamento la falta de visión y dirección en esta división, ya que en otros campos la actual administración ha demostrado, tanto en terrenos de infraestructura y vivienda, así como de gestión de recursos y planeación, resultados muy positivos.

La cultura requiere visionarios en los puestos administrativos, hombres o mujeres capaces de transformar la realidad. Se debe integrar al ciudadano con proyectos en verdad serios que apunten a resignificar el territorio que habitamos, a apropiarnos de él. Si queremos sumarnos a la ruta de un paisaje cultural, o ser parte de una ciudad en desarrollo que vaya más allá de paredes y cemento, que ponga en práctica la lectura y la cultura como primicia, es necesario entonces exigir resultados y proponer directrices nuevas. Se trata de un asunto radical, de aceptar el llamado al cambio, de trabajar con todos: instituciones descentralizadas, organizaciones, gremios, para cualificar mejor esta Empresa de Todos.

La dirección de cultura, específicamente, apunta a todos lados sin dar en el blanco, y el tiempo pasa, a la fecha no se ha logrado ni siquiera sistematizar o concatenar al menos un proceso cultural en el municipio. Mientras tanto, jóvenes universitarios activistas y reflexivos, verdaderos valores intelectuales, se alejan desmotivados, con sus saberes, sus talentos, sus actividades, y aportan felices a la otra ciudad porque allá son escuchados, tenidos en cuenta, incluidos. Estos jóvenes no se detienen a la espera de contratos, ni de dádivas, sino que se mueven con la vida, en torno a ideas frescas, nuevos conceptos, y solo exigen un acompañamiento comprometido y no politizado por parte de la dirección operativa de cultura, pero, pareciera que aquí no se confiara en el relevo generacional y los muchachos se nos van. Hay que estimularlos, porque quizás con estos chicos y chicas suceda al fin el milagro de la poesía, del color y la música. Si no lo creen posible los invito a disfrutar de una amplia agenda cultural independiente e institucional que ha encontrado eco en la gente de Pereira. Las comparaciones en este caso no son odiosas, sino necesarias, porque se sigue siendo apenas un lugar de paso y no uno para soñar y pertenecer.

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