El Cohete

Columna de Carlos Vicente Sanches, publicada en el Diario La Tarde

Les quiero contar un cuento, o más bien invitarlos a leerlo. Es de Ray Bradbury, uno de esos escritores prodigiosos que apuntaron su mirada al futuro con bastante poesía. Percibió el mundo desgarrado de la post guerra, entonces le regaló a su época con su pluma, un cuento de ciencia ficción cuyo contenido está lleno de un poderoso aliento espiritual, único, y de algo que puede ayudarnos hoy día a dimensionar nuestro papel como educadores y padres, ante todo en esta época de violencia y post violencia arremolinada.

El cohete, se trata de la historia de Fiorello Bodoni, un inmigrante italiano que vive en condiciones de pobreza y es dueño de una chatarrería, es decir que vive de la basura. En aquella época existen viajes a Marte así como hoy día a San Andrés, pero él tiene 8 hijos y no es capaz de costearse un paseo así. Un día recibe los restos de un viejo cohete y se dedica a arreglarlo, convencido de que en él viajará con sus hijos y su esposa al espacio. Por supuesto la sensatez de su mujer trata de evitar el desastre, un cohete así jamás despegará de su patio, entonces intenta con ruegos angustiosos evitar que su esposo siga con esa absurda empresa. No lo logra, Fiorello sube al cohete con sus hijos, que están más asustados que su propia madre, y ya dentro de la cabina, la nave hace su conteo regresivo y despega ruidosa, los niños emocionados ven a través de las ventanas el cielo, el planeta hacerse pequeño, el espacio, las estrellas y la luna, luego tras la orden de entrar en estado de hibernación, los chicos se quedan dormidos.

Ese momento es aprovechado por Fiorello para dirigirse despacio y en silencio hacia la portezuela de salida del cohete, abrirla y bajar al patio de su casa, del cual nunca despegó en verdad. Entre lágrimas, su esposa lo abraza, ya que comprende en ese instante lo que él estaba haciendo. En esa mentira piadosa, con cohete y todo, el emigrante italiano estaba tratando de sembrar un sueño en sus hijos, de decirles que pese a la pobreza, ellos lograrían llegar a Marte.

Aquel cuento llegó al mundo después del desastre de la segunda guerra mundial,  solo para decirnos que con un poco de imaginación, de entre la basura y chatarra, se puede uno inventar un mañana. Es una historia que refleja el espíritu humano, el sentido del sueño como motor de cambio. Y la traigo a colación porque el domingo antepasado un montón de hombres y mujeres asistieron a presentar un examen para aspirar a ser profesores.

Esta oferta laboral del estado podría ser el camino de salvación ante tanta inestabilidad profesional, el no acceso a las prestaciones sociales o la posibilidad de ir un domingo al mes en familia a las piscinas de Atraer o Comfamiliar. La opción de elegirnos como profesores es quizás la última alternativa para asistir a un paraíso de beneficios, pero advierto que, las nuevas generaciones no van a soportar otra oleada de docentes sin sueños que llegan a este camino más por el desespero que por la vocación.  Hay por supuesto algunas excepciones, siempre hay héroes por ahí tratando de cambiar el mundo y no acomodándose en él. A esos maestros futuros y presentes les dedico esta historia con el deseo profundo de que lleguen llenos de lecturas y sueños a las aulas, porque el país espera nuevas generaciones capaces de lograr cosas sorprendentes, y el mejor legado que podemos darle a los chicos y chicas es el que le dio Fiorello a sus hijos: Es posible, muy posible, lograr lo imposible.

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