“Dios es negra”

Columna de la Carlos Vicente Sánchez en el Periodico La Tarde de Pereira.
Recuerdo a Nidia, una negra poderosa y bella que me daba clases de teatro en la universidad de Antioquia, planteaba temas de índole ético, contaba a través de mitos los desvaríos humanos y cuestionaba el mundo sin dejarse arrastrar por la locura del mismo, prefería hacer arte, hacerse preguntas llenas de problemas, hacerse vida. Ella nos contó alguna vez, muy emocionada, acerca  de un grafiti que había visto sobre una pared  de la universidad y que decía llanamente: “Dios es negra”, desde entonces hubo una romería hacia el lugar que luego fue pintado de blanco.

Tal grafiti, inteligente por demás, se convirtió en un elemento conspirador. Este texto contundente nos ofreció en su momento un montón de posibilidades éticas y estéticas, de preguntas que me hicieron viajar a mi niñez. ¿Quién inventó que Dios era un hombre blanco, de barba larga y ojos azules que nos miraba desde el cielo? ¿Acaso no podía ser mujer y negra?  ¿Por qué nos referimos acerca de él como “él” y no ella, divinidad? ¿Por qué no nos puede ver desde el suelo, o jugando desde un columpio? Los dibujos que éramos obligados a hacer sobre nuestros cuadernos daban cuenta de un Jesús más parecido a un galán hippie norteamericano. Me asaltan este montón de dudas ahora que se habla de libertad, independencia, igualdad, campesinos, mineros, indios, paz. Ahora que el mundo espera la agónica muerte de Nelson Mandela, sobre todo ahora, que el mundo pareciera de nuevo abocarse a la obsesión racial.

Cada vez que los estados se ven amenazados por el desbarajuste económico de la época, surgen entonces un montón de prejuicios casi todos raciales. Europa vive un predecible giro hacia la derecha extrema, las políticas de persecución a gitanos y emigrantes africanos demuestran que la sangre, el color y la religión son los grandes pretextos para los divisorios sociales, esto sin contar la sospecha extrema que despiertan los latinos, o los muros infranqueables de las fronteras norteamericanas e israelíes. La economía rige los destinos morales de nuestra especie, divide a la humanidad en clases y acepta lo injusto como alternativa.

He visto el cuaderno de religión de mi hijo y aunque advierto cambios significativos, como la protección de la naturaleza, la convivencia,  aún no he podido ver un dibujo que revele  que “Dios es negra” que me diga que existe un punto de  encuentro entre los chocoanos y los irlandeses, entre los Emberas y los canadienses. Seguimos divididos por una especie de frontera de prejuicios que se desplaza según el interés económico de la época.  Le escribo entonces a los docentes y padres, los reto a permitir que los niños hagan sus propias versiones de Dios, para que nos demos cuenta que esa cosa llamada cosmogonía es tan nuestra como de todos, tiene diversas formas y es capaz de salvarnos de las injusticias cometidas en Estados Unidos a manos de un policía sobre un joven negro, las persecuciones políticas vividas en Europa, los guetos sociales que se evidencian en Colombia y que permiten que un joven privilegiado pueda atropellar borracho a alguien sin pagar por tal crimen. Por eso quiero elevar mi plegaria: Negra hermosa que estás en mis calles, que tienes ojos en cada rincón, que sonríes cuando juegas y abrazas cuando lloramos, ayúdanos a encontrar el camino del respeto y la diversidad, como parte de un mundo evolucionado que nos haga más humanos.

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