PEREIRA: SUEÑOS EN BICICLETA

Declaro mi amor por Pereira, mi ciudad. En el momento de escribir este mensaje he cumplido 47
abriles y aunque a veces me siento desanimado, me basta con observar a mi hijo que este mes
cumplirá 13 años para renovar fuerzas. Admito que la vida ha sido generosa, no sólo porque me ha
dado un regalo maravilloso llamado Samuel (está a punto de concluir su lectura del Extraño caso
del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson y me dice que la trama es interesante, aunque le gustó más
la novela de Agatha Christie, Asesinato en Orient Express), sino porque me ha brindado un
espacio, una ciudad, un nombre y una historia familiar. Tengo el placer de verla desde un sexto
piso y escuchar sus pulsiones urbanas que toman la forma rumorosa de la Avenida de Pinares y de
la otra que la cruza, La Circunvalar. Tengo el placer de recibir las corrientes de aire que bajan por
las montañas del oriente, cuyo verde frondoso espero que aún se conozca y se perciba dentro de
cincuenta años. También he tenido el placer de leer el pasado breve de la urbe, de hallar
documentos únicos en sus archivos y me digo que Pereira es singular, porque es joven, atrevida y
tiene un gran potencial por desarrollar.
Será el 2063 cuando este mensaje de saludo llegue a manos de un lector curioso, quizá de un buen
amigo de mi hijo Samuel, que para entonces tendrá 63 años; espero ser un recuerdo grato en su
vida madura.
¿Cómo será esta ciudad de mi infancia y la de mi hijo para entonces? La sueño y la percibo amable
y abierta –como hasta ahora–, a los grupos que se asientan en sus terrenos. La sueño con nuevos
barrios y colonias. Anhelo que muchas de esas colonias sean de extranjeros. Que a nuestra ciudad
lleguen rusos, checos, ucranianos, españoles, argentinos, franceses, mexicanos. Que a nuestra
ciudad lleguen, para quedarse, mujeres catalanas, chinas, japonesas, italianas, inglesas y que nos
revelen el amor desde su historia de siglos y que nos hagan crecer, al reconocer como esencial,
nuestra propia historia. Que esas nuevas comunidades nos enseñen a vivir en la diversidad, a amar
en varios idiomas, a percibir el cariño de los otros en antiguas lenguas. Y que en medio de ese
rumor de voces, le apostemos a una ciudad más entrañable y menos indiferente. ¿Cómo lograrlo?
Con acciones claras, alejadas de los intereses de los politiqueros corruptos, a quienes deberíamos
condenar al destierro.
Espero que esta acción sea un propósito colectivo: trazar en el mapa de la ciudad una gran ruta de
Ciclovías, donde sea posible recorrer la urbe sin los peligros del tráfico pesado, en bicicleta o a
pie. Berlín es para mí la ciudad modelo en este caso. Fui feliz en Berlín unos días de verano. La
recorrí en bicicleta y quiero que los hijos de Samuel sean felices con las cosas más simples que nos
brinda la vida. Porque en la simplicidad podremos respirar mejor, caminar para nuestro bienestar y
vivir con un ritmo que nos permita el asombro frente a la arquitectura, los parques y los paisajes de
nuestra ciudad. Desde aquí debemos incluir ese gran regalo de las montañas: el río Otún, en cuyos
bordes espero que el Barrio San Judas, mi barrio, se transforme en un bello “Caminito” con casas
de colores, donde los turistas bajen a comprar allí los objetos de nuestra memoria.
Si Pereira se convierte en una Gran Ciclovía, creo que sobreviviremos a esa gran indiferencia
homogénea que acosa, desde ahora, a las ciudades de un mundo globalizado y deshumanizado.
Un abrazo para todos, mientras van a sus labores en bicicleta.
Rigoberto Gil Montoya – Pereira, 2 de septiembre de 2013

 

Rigoberto Gil Montoya (1966)
Me doctoré en Literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México y fui profesor de la
Universidad Tecnológica de Pereira en la Escuela de Español y Literatura. Publiqué algunos
libros, de los cuales quiero recordar los siguientes: El laberinto de las secretas angustias (1992),
Premio Nacional de Novela “Ciudad de Pereira”; La urbanidad de las especies (1996), Perros de
paja (Cine Club Borges, 2000), Nido de cóndores: aspectos de la vida cotidiana de Pereira en los
años veinte (Ministerio de Cultura, 2002), Retazos de ciudad (Universidad de Caldas, 2002),
Pereira: visión caleidoscópica (Instituto de Cultura, 2002), Plop (Sic, Editorial, 2004), Guía del
paseante (2005), ganador del concurso de ensayo “Caldas 100 años”, y Territorios (México, ESN,
2010). Conocí la felicidad en la escritura y la perfección en los ojos de mi hijo Samuel.

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