Cápsulas del Tiempo – Encuentro Comuna de Cuba

Desde el 2011, durante el desarrollo de la experiencia Cápsulas del tiempo y Bibliobús de las memorias, y para lograr el hallazgo de estas historias, realizamos alrededor de 6 encuentros focales en la comunidad de Cuba, posteriormente 8 entrevistas a fundadores de la comunidad quienes terminaron de dar forma a las historias halladas. Los mismos habitantes del sector nos dirigían hacia otro fundador y de esta manera fuimos completando un cuerpo interesante de historias de la comunidad. Al retornar con el bibliobús en el 2017, descubrimos que uno de nuestros protagonistas participante de las cápsulas había fallecido y otra fundadora valiosísima para la comunidad, exconcejal y líder, ya se encontraba algo mermada en salud y palabras. Nos quedaron sus videos, sus grabaciones y el testimonio de su participación en el proyecto. (Anexo 007 videos Cápsulas del tiempo 2011 y 2012)
En nuestra investigación para la sistematización de la experiencia, se advierte un cierto temor al olvido por parte de los fundadores del barrio Cuba, un reclamo para que esas gestas realizadas por ellos, sean recordadas. Su paso por la comunidad, calificado de proeza por uno de los fundadores, no puede ser visto como intrascendente, y es desde este enfoque, que Trazasueños intenta hallar miradas sustanciales para el reconocimiento de esa historia periférica, microhistorias que siendo tan cotidianas, logran sendas transformaciones.
Un historiador, Caín Contreras, se encargó de las reseñas históricas del barrio, mientras que un escritor y cuentero; Carlos Vicente Sánchez, las llevaba al terreno de la crónica, el cuento y publica dichas historias en diversos medios. Por otro lado, los promotores de lectura que hacen parte de la tripulación del bibliobús de las memorias, han percibido que a los niños les cuesta trabajo imaginar el barrio que habitan tal como era antes: sin agua, sin luz, sin calles, es decir sin las precariedades que los abuelos sufrieron, ya que llegaron a la vida y a la ciudad cuando las comunidades habían superado de algún modo dichas falencias. Hacer que imaginen el barrio de antes no es el objetivo primario de los talleres pedagógicos que se realizan desde el bibliobús, sino reconocer en sus espacios habitados el simbolismo poético de ciertos lugares que recorren en la cotidianidad, y que cobran sentido tras una historia. Es decir; dejarse asombrar por la narrativa fundacional que el viejo comparte y crear a partir de ahí, nuevos imaginarios de identidad y pertenencia, o percibir otras sensibilidades que le permitan sentir a la comunidad como suya y no solo de esa otra vieja generación, pero a la vez, valorar lo que esa generación construyó para que ellos estén ahí existiendo y cohabitando entre pasado y futuro. Una comunidad que les sea propia, es una comunidad que permita transformar nuevas realidades, establecer signos que convoquen a participar, a reflexionar, a transformar y a valorar, a comprender que estos barrios se hicieron de la nada gracias a las acciones conjuntas, al trabajo en equipo, a los convites cívicos, es decir a la colectividad que intentaba superar la pobreza en conjunto, con todos sus desmanes, conflictos y crisis ambientales, puede ayudar a comprender que las nuevas ciudadanías heredan de ellos, los fundadores de los barrios; los modos de organización, el compromiso, el voluntariado, la colectividad, con que se levantaban en las mañanas a pavimentar calles, hacer sus alcantarillados, gestionar sus recursos, traer el agua y combatir la pobreza.
Ahora los fundadores del barrio Cuba, plantean que los problemas son otros, que las narrativas son distintas, que ya no se trata de alejarse de la pobreza, sino, en palabras de ellos, de los vicios, de la droga, del abandono. (Anexo 008 video de encuentro focal bibliobús)
Ya habíamos dicho como desde la experiencia de Trazasueños, se advierte que el niño casi siempre se ve ajeno a su pasado, a sus raíces, al sentido del parque en el que juega. Han transcurrido años sin permitir el traspaso de dicha memoria a los niños, a nuevos habitantes, quizás porque los fundadores ven ajeno al mito de civismo que ellos mismos forjaron, o porque normalizaron dichas vivencias y las incorporaron como parte de su cotidianidad, sin ver nada extraordinario en ellas, o quizás porque al narrarlas evocan cierto dolor, nostalgia incurable, o porque también existe una necesidad de encubrimiento de ese pasado, o finalmente porque estas personas, ya de edad avanzada, creen que poco importa sus historias.
En estas comunidades construidas a partir de la segunda mitad del siglo 20 como el barrio Cuba, se ha tenido que dar solución a ciertas problemáticas no solo como las antes mencionadas como el agua, la luz, la arquitectura de sus casas, los servicios sanitarios, la pavimentación de sus calles, etc, sino también de índole social, como lo cuenta uno de los fundadores el ex concejal Gildardo Euse Castro, quien tenía como uno de sus primeros trabajos, ser inspector de salud y encargarse de vigilar las condiciones de cada casa. Él descubrió que varias casas de Cuba en las que habitaban familias: padre, madre, hijos, abuelos, eran utilizadas como residencias provisionales para parejas.
Eran cantinas improvisadas, en los que la cama del matrimonio era prestada a la pareja, mientras que los papás se llevaban a sus hijos al patio, o los sacaban a la calle, para que no escucharan el tortuoso placer de la pareja intrusa. Una canasta de cerveza se escondía bajo la cama para que ellos bebieran. Eso traía problemáticas sanitarias graves que yo como inspector debía resolver, sancionando o educando a la familia. También era necesario instalar colegios, porque los niños estaban sueltos en las calles, sin educación, vagando, las niñas embarazándose, los chicos emborrachándose, era necesario un colegio, ojalá mixto.
Problemas como estos y otros más, son ejemplo de lo que implicaba en ese entonces solucionar en conjunto, a través de la autoconstrucción, la gestión de recursos, el apoyo político y la lucha constante contra adversidades como el clima y la violencia y las problemáticas sociales, de lo que debía hacerse por medio de muy disciplinados convites, grupos organizados que terminaron hasta fundando una organización de entierros fundada y liderada por Alicia Gutierrez, ex concejal, para familias sin recurso y teniendo su propio cementerio. Antes no hubo mayor interés de grupos hegemónicos de poder, empresas o urbanizadores por intervenir dicha comunidad, como lo puede haber hoy día, cuando la ciudad de Pereira se expande hacia el sur occidente, y el barrio Cuba crece hoy entre urbanizaciones nuevas de estrato 5, centros comerciales y nueva infraestructura vial, comercial y de desarrollo que ha afectado la forma del barrio y por ende las relaciones de quienes lo habitan: Una estación de Megabús que sepultó para siempre el parque principal de cuba, una vía que dividió en dos el barrio. Un cementerio propio que corre el riesgo de perderse. Entonces solo quedan las historias, las que al ser contadas evocan el viejo barrio pero que al ser apropiadas hacen despertar de algún modo cierto espíritu ciudadano, colectivo, cívico, con el que los fundadores de Cuba refundaron a Pereira, por allá en 1962 cuando todo empezó. Y ahí, es en ese instante de integración alrededor de la palabra, de la memoria, que vuelven a despertar sus emociones, sus historias y muchos de los fundadores que querían mantener en silencio, son los que al final, más cosas tienen que contar, acerca de esa narrativa local que construyeron entre todos y que hoy a través de este proyecto, recontamos.
Durante la sistematización de este proyecto y a través de entrevistas, encuentros focales y diálogos, se ha podido establecer la enorme necesidad que existe por parte de las comunidades de verse representadas a través de proyectos como este, de poder construir su propia memoria y darla a conocer.

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