BIBLIOBUS DE LAS MEMORIAS

En nuestro país la fundación de nuevos municipios, así como la repoblación de los cascos urbanos a partir de fenómenos como el desplazamiento forzado desde la violencia partidista que data desde 1947, provocaron el resurgimiento de comunidades contemporáneas, configuró nuevos sitios de asentamiento, la creación de barrios especialmente en pequeñas urbes que sin darse cuenta se convirtieron en espacios receptores de familias en condición de desplazamientos o grupos reinsertados, en donde se constituye de manera estable y permanente una comunidad con su propia historia que aún no se reconoce. Aun así, en el imaginario de los habitantes, permanecen narraciones e hitos biográficos que manan del diario transcurrir del barrio, que influyen de un modo u otro en el devenir común que se deriva de estos, y por ende en el modo de actuar de quienes lo habitan.

Nuestra región, declarada por la UNESCO como patrimonio mundial por su paisaje cultural cafetero, se levanta bajo los preceptos de ser un entretejido de ciudades turísticas, comerciales, industriales y progresistas, capaces de atraer inversión extranjera y establecer una dinámica propia de avance y pujanza. Todos estos factores, nos han puesto en un mapa nacional e internacional lleno de expectativas. Pero, más allá de los centros urbanos, más allá de la victoria de nuestro progreso, existe otro mundo de casas construidas en serie, de comunidades desplazadas, reinsertadas, siempre reubicadas, en cuyo interior se retuercen serios y profundos problemas de convivencia y desesperanza. En estos escenarios de interés social, la desescolaridad según informe de Pereira Cómo vamos, ha aumentado en un 46% entre niños y niñas de 12 a 17 años, generando procesos de exclusión, desarraigo y violencia al interior de estas comunidades periféricas,, la tasa de violencia contra niños y niñas supera los 1200 casos.

Pareciera que Pereira está inmersa en un discurso de desarrollo urbano institucionalizado que no tiene en cuenta a estas comunidades, se requiere de apoyo y esfuerzos mancomunados con la sociedad civil para descentralizar a través de espacios alternativos y lúdicos la oferta educativa y cultural.

Esta ciudad a lo largo de su historia se ha convertido en un lugar receptor, por sus características propias como la comercial, ya que sirve de paso y asentamiento de personas en búsqueda de opciones económicas viables, que siempre han huido de los asomos de violencia y se asentaron descontroladamente a orillas de quebradas y afluentes. Su ubicación, las condiciones históricas y políticas, sus características geográficas, de paso, impidieron salvaguardar su memoria en las comunidades, ya que no existe archivo histórico en la ciudad y las voces de los protagonistas de a pie: obreros, comerciantes, etc… no ha sido tenidos en cuenta para su configuración identitaria, pero bebemos de sus saberes, disfrutamos de su gastronomía y padecemos o gozamos sus historias.

Por eso nuestro proyecto pretende incentivar la lectura y escritura de estas narrativas culturales como forma de inclusión de las comunidades, porque creemos se debe hacer un esfuerzo por mantener a salvo del olvido aquellas historias cotidianas que refundan a diario nuestros barrios, dársela a conocer a los niños, niñas y jóvenes, para así lograr el objetivo primario de nuestra apuesta que es la de promover el sentido de pertenencia y apropiación del el entorno habitado, la resignificación del mismo y encontrarnos con el espíritu incluyente que debe tener nuestra región para el cuidado de su medio ambiente, la generación de desarrollo y fomentar nuevos sentidos de convivencia pacífica a partir de procesos de lectura, escritura y acercamiento a la cultura. Porque estos jóvenes desean sentirse parte de la ciudad que ahora habitan, vivir en un territorio pacífico, y digno, que les brinde posibilidades de desarrollo, un espacio que no se refunda en la memoria del progreso, un espacio provisto de identidades, armónico, pacífico y posible.

 

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